CRECIMOS VIAJANDO


Hace unos meses mi prima y porqué no decir hermana, me llegó con la idea de tomar mis maletas y cruzar el gran charco con ella. Tenía meses de estar sucumbida en un ir y venir de pensamientos y tan sólo quería que algo o alguien lograra hacerme entender que mi camino se iba a enderezar.

Pese a los miedos de sentirme fuera de lugar o de que aparecieran secuelas de cuando tenía mi corazón en el bolsillo, me prometí que en cuanto el avión despegara dejaría atrás cualquier inseguridad. ¡Tenía demasiado tiempo soñando con visitar Londres y no me agarraría de bajada!

Mi viaje duro tres semanas exactas por lo que me dieron veintiún días para construir el hábito de ser feliz y me permito compartirles cinco consejos de cómo encontré lo que había olvidado. 

1. Piérdete un poco
Para mí el remedio perfecto para volver a encontrarse es perderse un poco y sé que unos podrán decirme que ya nos encontrábamos un tanto perdidos como para querer más de ello, ¡cuál es la necesidad de agregar más locura a nuestras vidas! Lo cierto es que estar en un país tan ajeno a nosotros nos brinda la oportunidad de encontrar secretos en cada esquina, dejar que tu mente divague y se deje sorprender por todo lo que se va presentando en el camino. Es decirle sí al universo, que estás abierto a caminar con él pero esta vez a tu ritmo. Vas reconstruyéndote de manera gradual, agarrando piezas en el camino que ignorabas encontrar en esta parte del mundo y todo por dejar de temerle a las sorpresas.
 
2. Aférrate a lo que crees
Estar en una ciudad nueva podría tentarnos a cometer una que otra locura que sale por completo de nuestra rutina. Me ha tocado conocer personas que se tatúan, se tiñen el cabello, intentan el amor fugaz o hasta incluso deciden dejar su trabajo y la verdad, es que cada una de esas decisiones estaban acumuladas en su subconsciente y tan sólo necesitaban una excusa o empuje para liberarlas. Mientras cada acción sea lo que tu esencia añora creo que uno está permitido hacer y deshacer a su antojo. Uno va descubriéndose en el camino y en un instante te encuentras haciendo cosas que en otro momento nunca te hubieras atrevido por miedo o porque simplemente no era tiempo.  

3. Enamórate de la solitud
Incluso el viajar acompañada me permitió disfrutar de momentos a solas en donde podía desprenderme y ser la única espectadora, caminar a mi paso sin importar que me quedase atrás, sentir  incluso el miedo de perderme entre la multitud. Tengo la fortuna de tener personas a mi lado que me dan mucha fuerza pero entendí que uno no puede tenerle miedo a estar solo y que hay momentos en donde la única compañía que realmente vas a disfrutar eres tú mismo. Acciones tan pequeñas como recorrer un museo a solas te brinda plenitud. 

4. Extraña pero suelta
Permítete añorar y si es necesario soltar una que otra lágrima de melancolía. No tengas vergüenza de ser observado, las personas de tu alrededor desconocen de los motivos que te trajeron aquí y el peso de las maletas intangibles que se subieron contigo al avión; permítete mostrar vulnerabilidad, deja fluir cada sentimiento que habita en ti y despídete de él. Al poco rato sentirás la tranquilidad y la paz inundando tu cuerpo y solo así sabrás que una vez más has encontrado tu centro. 

5. Encuentra el momento indicado
Este para mí es el más importante, no viajes sólo por huir y si lo haces no te arrepientas o te des golpes de pecho, ya llegará el momento donde decidas afrontar cada uno de tus miedos. La hora o el día exacto es cuando la vida misma te va presentando sensaciones que te llenan de gozo y no aquellas que inundan tu mente con recuerdos o pensamientos que ya no caben en tu vida. El momento indicado te va a motivar a soltar y a regresar con energía renovada. El cansancio que unos sienten cuando regresan de vacaciones será simplemente por caminar, correr, comer y reír demasiado. 

Sé que este viaje fue algo nunca podré olvidar, las personas, los sabores, las perdidas en el metro e incluso la maleta rota los últimos días me hicieron darme cuenta que nada se alinea por casualidad. Que cada lección te hace más fuerte, incluso el hueco que creías tener en tu corazón. Definitivamente como le dice Will a Louisa, no hay nada como un café en París. 
Con amor y para siempre
Bibiana

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