ABOUT MOVING ON



Todos hemos sido testigos o sobrevivientes de un mal de amores breve desequilibrio que trae a la vida infinidad de hubieras y las conversaciones más crudas. Después de darle mil vueltas al asunto heme aquí, escribiendo esto sin el temor de sentirme observada pues sé que sólo hablo con honestidad y con palabras que me hacen sentir más ligera. 

 Durante el periodo que estuve con el corazón en el bolsillo recibí una infinidad de consejos que caían en tres diferentes grupos; el primero defendía la idea de que todo iba a pasar, que encontraría una esencia que lograra vibrar junto a la mía sin la necesidad de acostumbrarme a la recurrente visita de la inseguridad. El segundo y el que usualmente encontramos entre las indirectas que abundan en las redes sociales, estaba lleno de ira y de la necesidad de querer sobreprotegerme a pesar de mis errores. Y por último, estaba el tercer grupo, aquel que me decía las cosas de manera honesta entre mezclando sus verdades con grandes palabras de aliento. ¿Les suena familiar? A pesar de querer mantener una actitud neutral ante este tipo de situaciones, de una u otra manera termino inclinando mi postura hacia alguno de estos polos. 

Ahora que tengo la mente "bien fría" y desperté  de mi estado de letargo me di cuenta que los tres me hicieron entender, aunque les vaya a sonar absurdo, que le tengo demasiado agradecimiento a mi corazón roto. ¿Creen que he perdido la cordura? Yo sí...¡Y tal vez era lo que necesitaba!

Nothing breaks like a heart?  
Well..this is what I've learned     

1. Apreciar mi soledad
Soy una persona que disfruta del tiempo a solas, ansío que llegue el momento del día en donde puedo encerrarme  en mi subconsciente y simplemente sentir cómo van y vienen los pensamientos pero durante ese tiempo de "caos" si me encontraba queriendo realizar alguna actividad que automáticamente me recordara a mi antigua pareja, como el disfrutar de cierta película o asistir a cierto concierto, me invadía un sentimiento de soledad enorme. Dejé de lado actividades que me gustaban para tratar de evitar aquella sensación de vacío. Comprendí que disfrutaba la soledad cuando era por elección y no por situaciones de la vida. 

Después de la sacudida volví a juntar las piezas de lo que había dejado olvidado, regresando un paso a la vez a mi centro y apreciando mi propia compañía. Sentarme a leer en mi café favorito o irme a recorrer la ciudad, sin prisa y a mi propio ritmo, causó su gran efecto. Ya no me sentía como un ente extraño en una habitación repleta de desconocidos. 

2. A quererme por completo
A pesar de que todos los humanos poseemos un grado distinto de autoestima puedo confesar que aprendí lo que verdaderamente significaba amor propio. En ese instante dejé de transformar en ansiedad todas mis fallas y empecé a estar orgullosa de cada una de mis lecciones y retos vencidos. Le dediqué tiempo a mi persona en aspecto físico y mental, ¡definitivamente no hay mal de amores que no se vaya evaporando con ejercicio y k-beauty! 

Aprendí que no estaba en una comedia romántica y que llorando bajo la lluvia no iba a aparecer mágicamente la respuesta a todas mis problemas. (Claramente refiriéndome a la versión joven de Robert Downey Jr vestido con una biker jacket y cantando Just Another Girl de The Killers). 

3. Compartir quien era yo 
¡Los que poseen una personalidad ambivertida me entenderán en este punto! Tenemos la facilidad de convivir y encariñarnos gracias a nuestra necesidad de transparencia pero...también nos causa demasiada incomodidad tener que entablar conversaciones con extraños. ¿O no?

Durante este tiempo me obligué a abrirme a nuevas experiencias lo que trajo personas inolvidables que ahora forman parte de mi círculo más querido y que su presencia sólo suma a mi vida. A mis casi 28 años, (¡Gracias padres por mi baby-face!), comprendí que no era sano perseguir amistades que ya habían cumplido su ciclo y que debía sentirme bendecida con los que permanecían, dejando de ocultar parte de mi persona sólo por el miedo al qué dirán o el sentimiento de causarles alguna molestia pues era necesario regresar la confianza que ellos habían puesto en mí. Esos post-its con palabras bonitas aún están en mis sketchbook, ¡me recuerdan que hemos vivido tanto! 

4.  Soltar la valija 
Comencé a poner bajo la lupa todo lo que mantenía oculto, a los viejos miedos les di un por qué y comencé a trabajar en eliminar patrones que sólo traían malos hábitos a mi vida. Aquí fue donde hice las paces con mis demonios y les recordé que mi pasado no me definía, su presencia definitivamente había formado quien era ahora pero su tiempo había concluido. 

Los temores al que dirán se fueron reduciendo y costumbres o gustos de mi adolescencia que había tratado de eliminar les volví a dar la bienvenida. Descargué el alma y junto con ella, todo el peso extra que ya no reflejaban en lo absoluto quien era ahora. Ese desequilibrio fue cómo la madre naturaleza reclamando sus tierras. 

5. Sanar y aceptar 
Todos quisiéramos borrar momentos incomodos ahorrarnos las despedidas o alargar ese último buenos días, pero aquí es donde debemos aceptar que lo que se quedó atrás no es un fracaso es parte de nuestro recorrido. Evitando subir nuestras expectativas y creer que esa persona podría volverse a enamorar de nuestra nueva persona, ¡la versión 2.0 que se levantó de las cenizas! Hay que ser honestos es poco probable y en mi opinión, cosidero que le quita el mérito a lo que fue. Siente, reconoce y avanza. 


 No puedo jurar que las mejores decisiones las he tomado con el corazón roto pero tal vez sin las lecciones aprendidas nunca me hubiera animado a cambiar de ciudad, a hacerme ese short-bob después de toda una vida con cabello largo o quizás, nunca hubiera entendido lo vulnerable que era ni la fuerza que yacía dentro de mi propia fragilidad. 

 ¿Quieren mi consejo? Embrace your broken heart. Todos buscamos huir de él o intentar sanarlo a la fuerza cuando a lo mejor tal vez no es momento. También tiene algo que enseñarnos. 

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Con amor y para siempre 


1 comentario:

  1. Bibi, vi en Instagram que habías vuelto y me dio una alegría volver a leerte, espero ver tus escritos más seguidos por aquí. ¿Ya retomas el blog de nuevo? :)

    Me alegra leer este tipo de contenido, son consejos que todos en algunos momento vamos a aplicar porque de que nos va a pasar.... nos va a pasar (o nos pasó). Me da gusto que hayas pensado las cosas con la cabeza fría, pero sobre todo que hayas hecho el recuento de lo mejor y lo peor de la experiencia, al final este tipo de cosas son las que nos nutren como seres humanos aunque a veces duela.

    Un abrazo!
    Pablo
    www.heyfungi.com

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